Julián Pozo Ruiz de Samaniego

Padre Julián Pozo Ruiz de Samaniego

Julian Pozo RJulián Pozo vino al mundo en Payueta (Álava) en 1903. Su padre murió cuando él era un niño, y su madre era hermana del redentorista P. Samaniego. Con el fin de apoyar su vocación misionera, es enviado al Jovenado de El Espino, conocido por su madre en visitas a su hermano redentorista. Era un niño de carácter reflexivo, y desarrolló a lo largo de su vida un don para el consejo y la orientación. Pero terminados sus estudios en 1913, en lugar de ser enviado al noviciado, regresó a su casa. Sus deseos vocacionales fueron cumplidos al ser llamado al noviciado poco después, superadas las reticencias de algunos redentoristas sobre su idoneidad.

Profesó en 1920. En 1921 enfermó de tuberculosis, y fue enviado de nuevo a su pueblo natal, con el fin de que los aires conocidos le otorgaran una pronta recuperación. A los cuatro meses regreso al Teologado de Astorga. En 1923 volvió a recaer con una fuerte hemoptisis, y en esta ocasión se repone en la comunidad redentorista de Nava del Rey. Recibió la ordenación sacerdotal en 1925, y en el verano de 1926 se le destina a Granada, donde coincidirá con el también mártir P. Goñi, ambos condiscípulos en profesión, estudios y ordenación, que volverán a reunirse en la comunidad de Cuenca en 1936. En la ciudad de la Alhambra, el P. Pozo tuvo la oportunidad de conocer a la Sierva de Dios Conchita Barrecheguren y a su padre, futuro Siervo de Dios Padre Francisco Barrecheguren. Sus cohermanos lo tenían por un hombre sensato, apacible, sagaz y con rostro de niño. Tenía especiales capacidades para el sacramento de la reconciliación. Estaba entusiasmado con las obras de San Alfonso. De Granada pasa a Cuenca, en donde se encuentra desde 1928.

El P. Pozo abandonó el convento el 20 de julio y fue recogido en casa de las hermanas Muñoz, junto con el H. Victoriano. Ellas les preguntan qué dirán si vienen a por ellos a la casa, y responde: “Pues presentarnos como lo que somos: religiosos y redentoristas. No tenemos mártires… ¡a ver si somos los primeros!”. Enterado el P. Pedrosa, superior de la comunidad, de la muerte de dos cohermanos el día 31 -los PP. Olarte y Goñi- dio orden de que el P. Pozo y el H. Victoriano se refugiaran en el Seminario. Su custodia estaba en manos de la Guardia Civil y se pensaban que eso garantizaba su seguridad. Pero no fue así. El 9 de agosto, el P. Pozo y el presbítero Crisóstomo Escribano, secretario del obispado de Cuenca, fueron sacados con dirección al martirio. Ambos murieron en el kilómetro 8 de la carretera de Cuenca a Tragacete, cosidos a balazos.

El P. Pozo tenía 33 años, y fue martirizado mientras rezaba, de rodillas, con un crucifijo en una mano y el rosario en la otra. Murió como si de un mártir clásico se tratase, en actitud amorosa de víctima y ofrenda. Su cadáver fue reconocido por la ropa.

Beatificado el 13 de octubre de 2013 en Tarragona – España junto con los mártires de la guerra civil de otros religiosos y diócesis españolas.